PRÓLOGO

El despertar del 25 de agosto de 2012 fue uno de los más amargos vividos en Venezuela. Canales televisivos, emisoras radiales y redes sociales centraban toda su atención en el suceso, hubo una terrible explosión en el Complejo Refinador conocido como la Planta Amuay ubicada en el estado Falcón. Una tragedia devastadora que acabó con decenas de vidas dejando montañas de escombros por las pérdidas materiales. Muchas interrogantes surgieron en torno a lo sucedido, buscando culpables, acusando, distrayendo la atención de lo que verdaderamente importaba: salvar vidas, sanar heridas… mostrar solidaridad.

En esta oportunidad, y como una manera de rendir homenaje a la memoria de los caídos en la tragedia de Amuay, Gusmar Sosa se estrena con “Regeneración, Incendio en la Planta Amuay”, una novela corta, compuesta por doce capítulos, que pretende fusionar la ficción con el género de novela fantástica.

Eduardo Gallego y Guillem Sánchez, en el artículo “¿Qué es la ciencia-ficción?”, expresan lo siguiente:

“La ciencia ficción es un género de narraciones imaginarias que no pueden darse en el mundo que conocemos, debido a una transformación del escenario narrativo, basado en una alteración de coordenadas científicas, espaciales, temporales, sociales o descriptivas, pero de tal modo que lo relatado es aceptable como especulación racional.”

En “Regeneración, Incendio en la Planta Amuay”, Sosa nos muestra el lado más humano de la ficción, vinculando a cada personaje con la cotidianidad que todos conocemos. En esta historia nos encontraremos con gente común, como usted o yo, pero que se diferencian por poseer habilidades extraordinarias. Como es el caso de Roberto Infante, uno de los trabajadores de la Planta, apenas lleva dos años en la industria y dos semanas asignado allí. A pesar de ser un hombre joven y lleno de vida siente que ya lo ha perdido todo, que no tiene razones para vivir:

“…Ni siquiera recuerda que ya había sufrido ese lapso de amnesia antes. En cinco minutos recordaría todo, incluso ese fatídico carácter suicida, ese vicio de lamentar su existencia. Así había sido siempre el proceso. Primero su cuerpo, luego su mente. Y como una burla del destino siempre estaba implicado en sucesos como ese que se originó a kilómetros del rancho...”

Permanecer con vida era un privilegio que Roberto no creía merecer:

“Siempre se sintió culpable por la muerte de sus padres, pero más culpable por estar vivo. Se sentó en el taburete apuntando su pecho, se levantó de nuevo, tomó el resto de los cartuchos. Acomodó el colchón sobre la cama, llevando el taburete a una esquina, se sentó y sobre el colchón colocó los otros siete cartuchos...”

Por su parte, para Francisco Osorio, un bombero novato comprometido con su profesión, la vida le parecía corta para todo lo que quería lograr. Como buen padre de familia su prioridad es proteger a su esposa e hijo. Si hay algo en lo que cree Francisco es en su intuición, ésta le ha servido para guiar sus pasos y en las decisiones más importantes que ha debido tomar:

“…En su interior Francisco continuaba especulando y algo le aseguraba que no se equivocaba. Sin embargo, sólo tenía eso: intuición, sospechas. Para él era suficiente, pero no podría explicarlo de manera que fuera suficiente para otros, y convencido de eso decidió prepararse e ir descubriendo el inframundo que se tejía detrás de las apariencias diplomáticas y los acontecimientos locales…”

Cuántos de nosotros nos hemos dejado llevar por las “corazonadas”, por la intuición y, cuántos otros le han dado la espalda. Para este bombero sus intuiciones iban más allá de simples ideas:

“Mientras el camión de bomberos se acercaba a la escena, Francisco intentaba concentrarse para cumplir su labor con efectividad, confiaba en encontrar sobrevivientes, dejarse llevar por las pistas y así dar con los que pudieran estar tapiados… A pesar del esfuerzo, no dejaba de pensar en la estela de fuego, sospechó que esa visión tenía algo que ver con él, que de alguna manera ese día entendería muchas cosas y sería el inicio de una aventura que lo haría verdaderamente útil al bienestar.”

“Regeneración, Incendio en la Planta Amuay”, no es una novela de ciencia ficción más, tampoco trata de acusar ni buscar culpables, el lector podrá hacer su propia interpretación de los hechos. Gusmar Sosa, en cada uno de los doce capítulos, más que una denuncia hace un llamado a la reflexión, a la humanidad del lector. Y no hay cualidad más humana que la empatía, como la que siente Miriam Salazar por todos los que la rodean. Miriam es una de las trabajadoras de la Planta Amuay que le tocó vivir la agonía de la explosión y, aunque logró salvar su vida junto con otros compañeros, no dejaba de sentir que era uno de esos casos en donde se está en el lugar equivocado, en el momento equivocado:

“Miriam Salazar pensaba en que debió haber solicitado sus vacaciones una semana atrás, como correspondía. No lo hizo porque quería estar totalmente libre desde el quince de septiembre para asistir tranquilamente a la graduación de su hermana y celebrar su aniversario de bodas en la ciudad de Mérida durante una semana...”

No siempre las cosas son como las pensamos y, a veces, estamos en el lugar que creemos equivocado, por una importante razón:

“Miriam intentó mantener la calma, pero como siempre se le hacía difícil, no tanto por sus emociones, sino por las emociones de los que la acompañaban. Debía controlarse, ignorar el terror que sentían los otros… Miró a los siete compañeros que estaban con ella condenados en el interior de la garita, se levantó sonriendo. -Tengamos confianza, algo me dice que hoy sobreviviremos y podremos corregir nuestras vidas- Los siete la miraron melancólicos, y todos sintieron que Miriam Salazar tenía razón.”

Estoy segura que, a medida que el lector avance por las páginas de “Regeneración, Incendio en la Planta Amuay”, se identificará con las vidas de cada personaje, sintiendo la misma empatía por ellos y agradeciendo haberse encontrado en otro lugar. Pero, aunque se encuentren lejos de la Planta Amuay, sentirán cada emoción, cada sensación descrita por Gusmar Sosa en sus líneas. Sentirán la desesperación de quien intenta salvar su vida, el optimismo de quien intenta rescatar, la perseverancia de quien se niega a abandonar.

Gracias a ese optimismo y perseverancia de quienes desempeñan tan loable labor en el Cuerpo de Bomberos, las cifras de decesos no se incrementó. Hombres y mujeres dispuestos a arriesgar sus propias vidas por salvar la de los demás. Así lo hizo el Sargento Tomás Zambrano, negarse a abandonar un área donde su permanencia podría significar una muerte segura. Pero, ¿qué es la muerte para quien no quiere vivir?

 “Lo que más le preocupaba era la posible desaparición de un pueblo completo. Ni siquiera su vida le importaba, ya lo había perdido todo, y sino se entregaba a la muerte era por la promesa a su padre de mantenerse firme y de cara a la vida ofrendando su esfuerzo a través de su profesión.”

El Sargento Zambrano es uno de esos hombres que más que una profesión adquieren un compromiso moral con la sociedad, son muestra de la verdadera vocación:

“…Le insistió al Sargento Zambrano que lo acompañara, pero fue inútil, el Sargento se negó a abandonar el área de riesgo. –Sólo será un momento, mientras ofrezco una rueda de prensa, lo necesito a mi lado- -Lo siento señor, con todo respeto, debo estar al lado de mi gente- El Vicepresidente le puso la mano en su hombro. –Su padre me habló de su lealtad y terquedad Sargento, en breve estaré aquí…”

Si bien es cierto que algunas de las decisiones que tomamos, a lo largo de nuestras vidas, son producto de la experiencia, también lo es que en algunos casos debemos seguir “las señales”, seguir nuestra intuición. Esto es lo que hace Mileidys Bermúdez cada vez que uno de sus sueños supera la fantasía para colarse en la realidad. Ella es una joven atleta que presiente que sus sueños son más que eso:

“Una explosión la cegó y ensordeció. Mileidys brincó de inmediato. Se encontró sobre su cama, sentada, rodeada por una neblina de polvo. Comprendió que había soñado, contempló la escena, la habitación destruida, medio techo sobre ella, de inmediato saltó de la cama, su sueño comenzaba a cumplirse…”

Si usted ha escuchado la expresión “persigue tus sueños”, entonces entenderá mejor lo que vive esta joven con frecuencia:

“Mileidys Bermúdez corre, mira a su izquierda, sonríe al ver a un hombre que va corriendo también hacia la misma dirección, recuerda que no sabe qué sucederá cuando el hombre cruce la línea de fuego, se pregunta si habrá otra explosión, se pregunta por qué su sueño la dirigió hasta allí.”

Como dije en un principio, “Regeneración, Incendio en la Planta Amuay”, va más allá de la típica novela de Ciencia Ficción, es una lectura que invita a la reflexión. Te reto a ser parte del grupo de hombres y mujeres con habilidades especiales, habilidades que sin darnos cuenta todos poseemos: ser empático con el que está en problemas, oír a los demás pese a lo que pensemos, seguir nuestra intuición más allá de la razón y por último, regenerar nuestra consciencia.

Scarlet Gómez Romero.

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